DISOCIACIÓN Y TRASTORNOS DISOCIATIVOS


DISOCIACIÓN Y TRASTORNOS DISOCIATIVOS

La disociación implica una desconexión entre la mente de una persona y la realidad del momento presente. Esa realidad puede ser externa a la mente, con respecto al mundo que nos rodea; o interna, y entonces la persona se desconecta de su propia actividad mental. Esta desconexión es una estrategia que la mente utiliza para enfrentarse a momentos de gran estrés, también denominados momentos o situaciones vitales traumáticas. Estos momentos combinan una sensación de indefensión junto a una respuesta emocional negativa intensa. Estímulos, internos o externos, asociados a ese evento traumático pueden desencadenar la disociación. La disociación protege a la mente de la sobrecarga que suponen esos eventos y sus recuerdos, pero impiden a la mente procesarlos e integrarlos y, además, puede convertirse en la principal respuesta de la mente al estrés.

Esta disociación puede experimentarse ocasionalmente y ser transitoria, por lo que no representaría un problema más allá del momento en que se presenta y siempre dependiendo de la intensidad de la misma. Sin embargo, cuando se experimenta de forma prolongada, especialmente durante la infancia y la adolescencia, se puede crear un patrón de respuesta al estrés rígido y crónico que dificulta intensamente la adaptación familiar, social y laboral de quien lo padece. Cuando una persona presenta esta desconexión, episódica o sostenida, de forma crónica se dice que presenta un Trastorno Disociativo.



La disociación es un fenómeno muy amplio y las personas pueden sufrir distintos síntomas, o trastornos, disociativos. Estos serían los más frecuentes: Desrealización: Percibir el mundo y las personas que nos rodean de forma irreal. Esta percepción puede afectar o a todo lo que nos rodea o sólo a algunos aspectos de la realidad. La realidad se vuelve extraña.



  • Desrealización: Percibir el mundo y las personas que nos rodean de forma irreal. Esta percepción puede afectar o a todo lo que nos rodea o sólo a algunos aspectos de la realidad. La realidad se vuelve extraña.
  • Despersonalización: La persona se siente desconectada de su cuerpo y / o sus emociones. Su cuerpo y sus emociones se vuelven extrañas, ajenas y distantes. En ocasiones la mente se vuelve un observador pasivo del cuerpo, incluso puede visualizarlo desde fuera, en otras ocasiones los límites corporales y personales parecen difuminarse con respecto a los demás.
  • Amnesia Disociativa: La persona no recuerda periodos de su vida, o información relevante sobre sí misma.
  • Fuga Disociativa: Durante un periodo de tiempo, de mayor o menor duración, pero limitado, la persona olvida su identidad. Esto conlleva en ocasiones que la persona vague sin un rumbo determinado, y en otras que asuma una identidad diferente, más o menos estructurada.
  • Alteración en la identidad: La identidad de la persona cambia ante diferentes estímulos. La identidad está dividida en “partes” más o menos estructuradas. Estas “partes” presentan una conducta y una forma de relacionarse con los demás diferente y propia de cada una. Puede existir una “parte” principal que presenta un mayor o menor grado de amnesia y desconexión de la actividad de las otras “partes”.

Estos síntomas o trastornos disociativos no son excluyentes, y una persona puede sufrir varios a lo largo de su vida. Hay que recordar que las distintas sociedades y culturas pueden dar distintas explicaciones a estos síntomas o trastornos, empeorándolos o atenuándolos. También es importante recordar que estos síntomas o trastornos pueden aparecer de forma independiente o englobados en otros trastornos, como el Trastorno de Estrés Postraumático, el Trastorno Límite de la Personalidad o el Trastorno de Pánico.