TRASTORNOS DE PERSONALIDAD Y TRAUMA



¿Por qué hablar de Trauma y Trastornos de Personalidad?


En la raíz de estos trastornos se encuentra en un alto porcentaje de antecedentes traumáticos o problemas de apego, razón por la cual se le ha dado, en este nuevo instituto de investigación, un papel tan relevante al trauma y a los trastornos asociados.

El trauma en la infancia se ha asociado con patologías muy diversas: depresión, ansiedad, mala autoestima, dificultades en el funcionamiento social, conductas autodestructivas, trastornos de personalidad, trastornos disociativos, abuso de alcohol y drogas, trastornos alimentarios, somatización, etc (Chu, 1998). El trastorno límite de personalidad (TLP) y la disociación están fuertemente relacionadas. Los criterios DSM-IV-TR del TLP, por ejemplo, incluyen síntomas disociativos aislados (APA, 1994) pero dos tercios de los TLP podrían diagnosticarse como trastornos disociativos (Korzekwa, Dell y Pain, 2009). Ambos diagnósticos se han relacionado con altas tasas de trauma infantil.

Tener en cuenta estos factores tiene gran relevancia en el abordaje de los pacientes con trastornos de personalidad, ya que ha llevado en los últimos años al empleo de novedosos tratamientos orientados al trauma como EMDR (emdr-es.org) y a la comprensión de estos cuadros desde el paradigma más amplio de la traumatización compleja y la disociación.



¿La causa de los trastornos de personalidad es siempre traumática?


No. Se han propuesto varios factores para explicar el origen del trastorno de personalidad límite (TLP). Algunos autores han subrayado la importancia de los rasgos genéticos de la personalidad (Siever, Torgersen, et al, 2002) y su papel como factores de riesgo o protectores respecto a la sensibilidad al contexto (Steele & Siever, 2010). Otros han relacionado la sintomatología límite con las relaciones de apego temprano (Barone, 2003; Buchheim et al, 2007; Grover et al, 2007; Bakermans-Kranenburg & Van IJzendoorn, 2009; Newman, Harris & Allen, 2010). Algunos investigadores señalan una alta prevalencia de trauma, en particular trauma temprano, grave y crónico entre los pacientes borderline adultos (Horesh et al 2008; Tyrka et al, 2009; Ball & Links, 2009). En la literatura se habla de altas tasas de síntomas disociativos. Algunos autores consideran estos síntomas disociativos como síntomas de un trastorno de personalidad (Linehan, 1993, 2006), mientras otros argumentan que algunos trastornos disociativos genuinos han sido diagnosticados erróneamente como borderlines (Sar, Akyüz & Doğan, 2007; Putnam, 1997).

Sin embargo, la prevalencia de eventos traumatizantes parece ser alta, más que en otros trastornos mentales (Zanarini, 2000; Zanarini, Yong, Frankenburg et al, 2002), lo que hace que en estos cuadros no podamos ignorar estos factores. Sobre todo son frecuentes en la historia de los pacientes límite la traumatización grave temprana y los trastornos de apego.


Una visión global


El estudio de factores aislados es importante para comprender el papel de distintos aspectos en el desarrollo de un trastorno. Pero se necesitan teorías más explicativas para incluir estos factores aislados en un marco global porque en muchos de los casos no solo tenemos que atender la problemática asociada al diagnóstico principal de Trastorno de la Personalidad, también es necesario detectar y tratar los trastornos comórbidos como las adicciones, los trastornos disociativos y alimentarios entre otros; existe una alta comorbilidad entre diferentes trastornos.

Aunque el estudio del trauma y de esta compleja relación-interacción se ha convertido en uno de los principales objetivos de nuestro trabajo, pensamos que el tratamiento de estos pacientes ha de tener en cuenta muchos elementos que se enlazan en una red de interacciones. Por ejemplo, el contexto familiar ha de ser entendido y abordado de modo específico en la mayoría de los pacientes, y la terapia familiar y de pareja ha de estar incluida en un plan de tratamiento global. El tratamiento farmacológico también es relevante, y el psiquiatra y los distintos terapeutas han de mantener una relación fluida y dinámica para conseguir una relación favorable. Hay muchos aspectos generales que han de ser tenidos en cuenta, independiente de la orientación desde la que se trabaje, como son las marcadas dificultades en la relación terapéutica que se suelen presentar en estos casos.